Querida Sarah:
Te escribo estas letras desde el más profundo asombro y el más puro terror. Te preguntarás qué me ha pasado para que me halle en este estado. Ya sabes que con el tiempo pierdo la capacidad de sorpresa, pero el mundo es muy grande, incluso el mío, que es más bien de bolsillo, comparado con otros.
Ha vuelto. Sí, como lo oyes. Ha vuelto.
Ha bastado con nombrarla, para que aparezca de nuevo.
Pensaba que me había librado de ella de una vez por todas. Pero parece ser que no. ¡Y cómo quisiera que desapareciera! Ojalá que este cameo se quede sólo en eso, y que todo vuelva a ser yermo y seco de nuevo, pero tranquilo y rutinario.
Te explicaré un poco más. Perdona este encabezamiento desconcertante, pero es que aún no salgo de mi asombro.
En la autoflagelación que estoy llevando a cabo, privando de sueño a mi organismo, mientras me quedo frente a la pantalla hasta horas indecentes, teniendo que madrugar al día siguiente, he hallado consuelo, matando el tiempo y el dolor de la soledad. He hallado personas cautivadoras, que había tenido cerca mucho tiempo, y que ni siquiera las intuía. Eso también me ha sorprendido, aunque allá en el fondo, presentía a esa persona. Sabes que me gusta complicarme la existencia, que no soy capaz de disfrutar en la superficialidad, que necesito la insondabilidad de la existencia humana como el que necesita el aire, que lo superfluo y lo corriente me aburre y me adormece. Y que ya no sé hacerlo de otra forma ni quiero aprender.
Pero ah… con esto no había contado yo.
En conversaciones profundas, sinceras y dolorosas, donde se ofrenda lo más terrible y más auténtico de cada uno, todo tiene cabida. Y a ella, se la nombró de pasada en una de ellas.
La falta de sueño me impide recordar con exactitud cuándo se mantuvo esa conversación. Pero días después (¿o han sido horas? Esta semana se me antoja como un mismo día poblado de mañanas, tardes y noches), al poco de nombrarla, de repente, me ha tomado al asalto y por la fuerza. Tras muchos meses de permanecer desaparecida, de repente, ha vuelto en forma de sueño.
No lo recuerdo con exactitud. Ya sabes que las tramas y los argumentos de los sueños son confusos y simbólicos. Pero aún sé reconocer la imagen de un cuerpo buscando a otro, y encontrándolo. De hecho, aunque no hubiera ni rostro ni nombre (como pasa en muchos sueños), podría decirte quién era. He abierto los ojos mucho antes de que sonara el despertador, y un escalofrío me ha recorrido la columna.
Tú, ella y yo, hemos formado equipo muchas veces, ya lo sabes. Yo escribía, tú me ayudabas y ella nos guiaba. Todo fue bien hasta que llegó un momento en que saltó del papel y se me metió dentro. Y me sentí bien. Me gustó el cambio. Continuábamos las tres, pero yo la llevaba a ella puesta. Y cuando fue el momento, supo colarse en mis tejidos y actuar. ¿Recuerdas qué buenos tiempos?. Aprendí su funcionamiento, estudié los mecanismos que la hacían actuar. Y supe que se activaba con la cercanía de otra piel.
Perdió el control cuando él dejó de amarme. Se activaba constantemente, supongo que en reacción al rechazo. Un último intento de no desaparecer. Con el tiempo, y visto que su táctica no funcionaba, se dio por vencida y comenzó el proceso de hibernación. Y yo, como huésped, pude descansar. Estaba exhausta.
Cuando me recuperé un poco, me marché. Ya nada podía hacer allí, más que languidecer. Bueno, tú lo sabes, estabas conmigo. También viste pasar al dolor, viste morir la autoestima… no podía tener consecuencias agradables. Pero sobrevivimos.
Cuando abandonaste el silencio y de nuevo comenzamos tú y yo a dialogar, averiguamos que ella había muerto. Simplemente mi cuerpo la había absorbido y desechado en el ciclo menstrual. Sí, yo creía haberla abortado.
Han habido pieles que la podían haber hecho rebrotar. Pero sólo me inspiraron repugnancia. No hay mejor olor que el de una piel caliente. Y donde mejor huele, es en el cuello, justo debajo de la ropa. Pero ella ya no estaba. Y yo ya no sabía acercarme a oler, porque me faltaba el órgano principal: ella. Me quedé sin memoria en las células. Era una amnésica erótica. Un par de veces hemos salido huyendo tú y yo ¿eh?
Y esta noche ha vuelto. Llevo todo el día alarmada, esperando que aparezca. No me atrevo ni a respirar. Ya no puedo albergarla en mi organismo. Ya no puedo alimentarla con nada, puesto que nada tengo. Con lo cual, si viene, volverá a consumirme a mí, pidiendo a gritos una piel que acariciar, un cuello que oler, un sexo que devorar. Me matará, como casi lo hace la última vez.
Tengo miedo. Sé que nada puedes hacer tú. Tan solo escucharme.