En clase no podía concentrarse de ninguna manera. Estaba pensando dónde demonios había puesto el albarán que venía con los paquetes de láminas de plástico.
Había tenido una mañana bastante ajetreada y estaba cansado. Mejor sería tomarse un café durante la siguiente clase, aunque sabía que no debía. Hacerlo solo no tenía gracia y Bel se había saltado la primera hora.
Le gustaba estar solo. Hacer lo que quería cuando quería sin que nadie mandara en su vida. Pero a veces, echaba de menos a alguien con quien comentar una película de la tele, o charlar un rato antes de ira dormir. Era un solitario que se sentía solo.
A las cuatro en punto, aquella momia que recorría la pizarra arriba y abajo, se fue y él decidió levantar el vuelo también.
En el solitario bar, se sentó en una mesa pequeña frente a un vaso de plástico humeante y encendió un cigarrillo.
-Tenía la corazonada de que iba a encontrarte aquí.- la voz de Bel apareció como de la nada.
-Mentira. Te has pelado la clase y has topado conmigo.
-Vale, lo admito, pero que conste que a tí te ha pasado lo mismo.
-Mal de muchos…
Oyó cómo ella corría la silla que él tenía delante, para sentarse.
-Dan, simplemente, alégrate de verme.
-Me alegro de verte. ¿Porqué no has venido a primera hora? Es raro que estés en las últimas horas, pero en las primeras…
-El maldito tráfico. Estoy considerando seriamente la posibilidad de adquirir unos patines. ¿Y cómo estás tú aquí?
Dan se frotó los ojos.
-A decir verdad, no me estaba enterando de nada. Hoy ha sido el primer día que he llevado solo la tienda y estoy agotado. Supongo que cuando coja algo de práctica…
-Quisiera echarte una mano, pero con la panadería ya tengo bastante.
-¿Cómo te lo montas tú? ¿ de dónde sacas el tiempo de hacerlo todo? Supongo que Ana no hará todo el trabajo de casa…
-Bueno…- Bel frunció los labios en actitud dubitativa- la cuestión es organizarse, y lo que no puedo hacer, no lo hago.
-Me gusta el sistema…- él sonrió.
Levantó la vista para mirar a Bel a los ojos durante un segundo.
-¿Tienes interés en la próxima clase?
-Más o menos el mismo que tú.- dijo ella mientras se le dibujaba en la cara una sonrisa.
-Perfecto. Vámonos.
La siguiente parada fue el coche de Dan, que esperaba pacientemente en el párking de grava, y emprendieron el camino a casa de él.
-Parece que va a llover- dijo él mirando al cielo.
-Déjala caer. Ya sería hora de que lloviera.
-¿verdad?- inquirió Dan interesado.
Ella buscó su mirada. Al sentirse observado, él también la miró.
-¿Qué?- preguntó él.
-Eso digo yo… ¿qué pasa? Parecemos gilipollas hablando del tiempo. Cuéntame algo más interesante como por ejemplo qué has hecho este fin de semana, o cómo ha ido el primer día en la imprenta.
-No gran cosa… estuve una noche con unos amigos por ahí y el domingo fuí al parque con Max.
-¿Dónde fuísteis?- preguntó ella desinteresadamente, observando el paisaje a través de los cristales, que empezaban a cubrirse de gotas de lluvia, gordas y cálidas.
-Donde siempre a hacer lo de siempre…- suspiró él hastiado.- Verlos emborracharse cada vez me resulta menos divertido.
-¿Y porqué no propones otra cosa?
-Vamos, Bel… no saben hacer otra cosa y tú ya sabes que no tengo imaginación para eso. Admite que soy un tipo aburrido.
-Eso no hace falta que me lo jures. Siempre que salimos tú y yo, acabas haciendo de perchero…
En el semáforo en rojo, Dan la partió con la mirada.
-También tengo otras facetas más divertidas…- se defendió débilmente.
-Sí, pero no son adecuadas para un sábado por la noche para salir de copas…- se burló ella.
-Ya, pero ya no soy un crío. Hay ciertas cosas que mi cuerpo ya no resiste y yo no tengo la culpa… por cierto, podríamos quedar alguna noche a tomar algo o ir al cine…
-Claro, dí un día…
Lo bueno de Bel era que no necesitaba divertirla, ni hacerse el interesante. Siedo como era, todo era perfecto. Hasta los momentos aburridos.
En casa, Max les recibió con enorme alegría. Había oído truenos y estaba asustado.
-Vendído… a mí no me peloteas tanto…- le recriminó Dan, mientras ella rascaba su cabezota.
-Ven, Max. Vamos a la terraza a ver cómo llueve.
-Genial, traigo a alguien a casa para que hable conmigo y me haga compañía, y prefiere la del perro…
-Es más civilizado que tú
-Pero no habla…- dijo él alejándose pasillo abajo.
-Anda, Max, vamos con él, pobrecito…
Bel tomó asiento en un taburete en la cocina y observó las cuidadosas evoluciones de Dan mientras preparaba café.
-¿Estás bien? Te noto algo depre…
Él giró la cabeza cuarenta y cinco grados, sorprendido.
-No sé… yo me noto como siempre.
-Te conozco, y sé que algo te preocupa…- dijo Bel afilando la mirada, como intentando meterse en su cabeza para averiguar qué era lo que no andaba bien…
-No hablemos de cosas tristes… ¿cómo os apañáis tú y Ana en el piso?
-Como siempre. Tenemos unos horarios y tareas asignadas y nos peleamos por el mando de la tele.
-No parece que te haga mucha gracia…- Dan puso la cafetera al fuego y se encendió otro cigarrillo. De paso, le lanzó el paquete a Bel, para que cogiera uno.
-Evidentemente a nadie le gusta pelearse por el mando de la tele…
-No me refiero a eso.- Dan acomodó el trasero sobre el banco de la cocina.- me refiero a todo en general…
-Ya… bueno.- ella le imitó, acomodándose sobre la mesa. Dio una larga calada a su cigarrillo observó el infinito.- Creo entrever un problema y estoy intentando hallar una solución. Bueno, la solución es clara… pero se me hace una montaña. De todas formas es a largo plazo…- parecía hablar consigo misma más que con él.
-Si pudieras concretar un poco…
-No.
-¿Porqué?- dijo él ofendido.
-Porque te conozco y vas a intentar ponerle remedio.
-¿Y eso es malo?.
-Acabarás perjudicándote a tí mismo.
-Chica, no entiendo ni media…
-Hazme caso, es mejor que no lo sepas.
-Vamos…- le inquirió seriamente. Hoy no tenía humor para aguantar las chorradas de Bel.
Al final ella cedió. Culpa suya por no haber sabido soslayar el tema. Se recogió el pelo tras las orejas y le miró.
-Ana lleva tiempo saliendo con un chico. Eso lo sabes ¿no?- Dan asintió con la cabeza- y parece que la cosa va en serio. Ellos pueden permitirse vivir juntos y la casa es de la familia de Ana.
-Creo que te sigo.
-Es una suposición mia pero ¿tú qué pensarías?
-Pensaría lo mismo que tú.- Concluyó él rápidamente.
-Yo sé que Ana jamás me dirá que me vaya, pero ya sabes… la situación es la que es… de todas formas, es a largo plazo.
El borboteo aromatizado de café, cortó la conversación. Y Dan sirvió dos tazas, y se fueron de la cocina. Llovía demasiado fuert como para salir a la terraza, ni siquiera a la parte cubierta.. Así que se instalaron sobre dos almohadas, tras los cristales del ventanal del balcón.
-¿Y porqué no te vienes a vivir aquí?
La pregunta de él, flotó en el vacío que había entre la ventana y el aparador, hasta diluírse en el sonido de la lluvia.
-¿Lo ves? Te dije que intentarías arreglarlo.
-Eres una amiga… ¿qué otra cosa puedo hacer?- él la miró con una ténue sonrisa.
-Muchísimas gracias, de corazón, pero esa no es la solución…
La lluvia arreciaba por momentos.
-¿Porqué no?
-Dan, cambia el disco ¿quieres?
Él dio un sorbo a su taza y suspiró.
-Egoístamente te diré, que no te he traído aquí para ver llover. Háblame, o me volveré loco. Esta mañana me he sorprendido hablándole a la plastificadora…
Logró arrancarle una risa a Bel. Siempre tan serio, y siempre acababa riéndose cuando estaba en su compañía.
-Háblame tú… ¿qué te pasa?
¿Y cómo contárselo, si ni él mismo lo sabía…?
-No lo sé… por una parte, quiero valerme por mí mismo. Por otra parte, me aterra hacerlo… últimamente cuando pienso en ello, se me revuelve el estómago. Siento que no estoy haciendo lo que debo, o no todo lo que puedo, pero me asusta. Y a la vez, hay cosas que no quiero hacer… me dejo influenciar por opiniones que pesan demasiado pero que no deberían contar, y a la vez no pudeo dudar en escoger una postura, porque muestro una debilidad que no puedo permitirme… ¿lo entiendes?- respiró al final de la parrafada, que aunque había costado, al final, salió sola. Había logrado enhebrar y resumir sus dispersos pensamientos.
Bel le escuchab atentamente, con sus enormes ojos azules fijos en el rostro distraído de Dan. Había captado la idea… estaba solo y asustado, como la mayoría de la gente… la soledad y su inseguridad, no ayudaban en exceso. Como siempre, lo que hiciera, sería apoyado por algunos y censurado por otros, era inevitable. Pero eso a él, le resultaba duro. Lo entendía, porque ella lo había pasado, hasta el día en que decidió que no podía dejar que los demás decidiesen por ella. Aceptó lo que venía con sus riesgos, tanto para bien como para mal. Pero por mucho que se lo dijera a Dan, tendría que deducirlo por sí solo. Era la única forma en que se convencería.
-Te entiendo.- ella sonrió y le frotó el hombro cariñosamente. – lo único que puedo decirte, es que hallarás la respuesta cuando estés preparado. Mientras tanto, aquí me tienes para cualquier duda o consulta… y sin ánimo de ponerme en plan paternalista, creo que madurar es ésto, Dani… sufrir y dudar todos los días. Pero mientras vivas, y espero que sea por muchos años, tienes que jugar. Y por desgracia, la mayoría de veces, deberás hacerlo solo.
Él miró melancólicamente por la ventana. El cielo de color gris oscuro estaba vertiendo toda su furia sobre la ciudad. Nada cambiaría, todo seguiría igual hasta que encontrara el momento y el valor de decidirlo todo.
-Tienes razón. En esto estoy solo.
-Ya verás como todo se soluciona. Lo sé. Hay que sacar la fuerza a veces de la propia flojera de piernas, pero merece la pena… por lo pronto, deberías de buscarte novia…- dijo ella riendo.
Dan se rió a gusto. Vaya solución…
-¿y tú Bel, tienes novio? Lo digo por si estás libre, así no busco más…
-Yo siempre he dicho que si no fueras mi mejor amigo, me liaría contigo, pero no sé si duraríamos mucho tú y yo…
-¿Nos vamos esta noche al cine?- dijo Dan pensativo- si vamos a pelarnos las clases, hagámoslo a conciencia…
-Estupendo. Invítame a cenar, y yo te invito al cine.
-¿Y qué te hago de cena? – preguntó él recogiendo las tazas de café, ya vacías.
-Con que sea comestible, me sobra…
No dejó de llover en toda la noche. Cenaron junto a la ventana y luego fueron a ver una película. Cuando la dejó en casa y se despidieron, aún seguía pensando en todo lo que habían hablado.
Deseaba volver a ser un crío y no tener que preocuparse por nada. Pero ya era demasiado tarde.






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