dos

A la mañana siguiente, me levanté extrañamente lúcida.
Eso sólo podía significar dos cosas: o que ya me había acostumbrado al cansancio o que mi cerebro se había reseteado, abriendo los ojos a la realidad. Ninguna de las dos cosas me tranquilizaba.
Apenas puse los pies en el suelo y me levanté, una sensación conocida y ciertamente desagradable, me invadió. No sólo era ese dolor físico del cuerpo exhausto, era además una sensación líquida y templada escurriéndose desde mi interior hacia mis piernas.
Los veintiocho días suelen ser el tiempo pactado. Pero parecía que mi cuerpo te añoraba ya, y aprovechó la luna llena para hacerlo. Me resultó triste. Es el tiempo del cuerpo como campo en barbecho. Irónico… pensé.

Esta noche ha sido corta, también. No tanto. Pero corta. Increíblemente descolorida, por supuesto. Evidentemente acudieron a mi mente imágenes impúdicas contigo. Como flashes sueltos, venían a mi cabeza esos momentos indescriptibles, en los que tú estabas sobre mí. Con tu cuerpo me cubrías con delicadeza. Cogías mis muñecas con una sola mano, apretándolas sobre la almohada, como yo te pedía. Me gusta estar a tu merced. Yo podía ver tu brazo junto a mi rostro, en tensión. Y tu otro brazo, me pasaba por los hombros. Nos mirábamos a los ojos sin descanso. Siempre me ha sorprendido lo cómoda que me encuentro en tu mirada… suelo ser tímida, pero contigo no he podido serlo. Tenía mucho que perderme si me retiraba.

Hacíamos el amor con lentitud. Entrabas y salías de mí con delicadeza, recorriendo mi interior. Me acariciabas más que me follabas. Bañados en sudor, nuestros cuerpos en contacto, querían fundirse el uno con el otro. Las múltiples sensaciones que me invadían, no podían tapar ni por un instante mi excitación. La más mínima caricia hace que reaccione frente a tí, así que… qué decir acerca de tenerte dentro de mí…

Te imagino en un gesto que me llena de ternura. Te ví apoyar tu frente en mi hombro y suspirar, disfrutando del suave balanceo, mientras tu mano seguía aprisionando las mías. Tu gesto te delataba. Sentías próximo el orgasmo. Y tu felicidad es la mía. Cerré los ojos para sentirte todo lo que mi cuerpo me permite. El leve temblor de tus piernas enlazadas con las mías, el latido de tu corazón sobre mis pechos, la presión de tus dedos sobre mis manos, tu respiración agitada, el olor de tu piel tan cerca de mi nariz… casi pude sentir el calor del líquido entrando en mí. Sé que no se puede, pero casi lo percibo… te apretaste contra mi sexo con fuerza, entrando muy dentro, hasta casi hacerme daño. Hasta casi desear que se parara el tiempo ahí, y nunca más volviera a correr.

Aquella mañana, hubiera sido un consuelo que el líquido que se escurría de mí, hubiera sido blanco en lugar de rojo.

El rojo me trae recuerdos agradables, pero melancólicos.

Advertisement
Publicado en on 21 julio 2011 at 13:40  Dejar un comentario  

El URI para hacer TrackBack a esta entrada es: http://seencuentrabienestanarrando.wordpress.com/2011/07/21/dos/trackback/

RSS feed para los comentarios de esta entrada.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.